Descaro, política, feminismo y música punk

El pasado 21 de febrero, en vísperas de las elecciones presidenciales rusas, un grupo de cinco mujeres cubiertas con pasamontañas y vestidas con ropa de colores chillones subieron al altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú para cantar una canción titulada ‘Santa Mierda’ cuyo estribillo decía “Virgen María, echa a Putin”, criticando el apoyo de la Iglesia al entonces candidato a la presidencia.

Desgraciadamente, sus plegarias no fueron escuchadas y algunos días después, Putin era elegido presidente por tercera vez con casi el 64% de los votos y dos de esas mujeres siguen aún entre rejas, susceptibles de ser condenadas a siete años por violación del orden público e incitación al odio religioso. Un sacrilegio, vaya.

En medio de las protestas en Moscú por la supuestamente fraudulenta victoria de Putin en las elecciones del 4 de marzo, que le sitúa seis años más en el Kremlin, las dos detenidas, miembros de la banda punk feminista Pussy Riot, están en huelga de hambre en protesta por las condiciones de su arresto, que hará que permanezcan en la cárcel hasta la vista judicial en abril. Según la web del colectivo Pussy Riot, las mujeres (madres de dos niños de 4 y 5 años respectivamente) afirman que “morirán de hambre hasta que puedan reunirse con sus hijos”. Putin se ha disculpado por el agravio a la Iglesia ortodoxa y ésta, por su parte, ha dicho que merecen un castigo severo. Sin embargo, también hay un sector de fieles ortodoxos que considera desproporcionada esta reacción y más de 5.000 personas han firmado ya una petición al patriarca Kirill para que interceda en favor de las activistas.

Además de sus performances en el metro o en el tejado de una prisión rusa, recientemente el colectivo también había tocado su irreverente tema “Putin se asustó” en la misma Plaza Roja de Moscú. “Simbólicamente, es la plaza principal del país; creemos que este es el lugar que debería ser ocupado para conseguir un cambio político real, es el equivalente a la Plaza Tahrir para Rusia”, declararon en una entrevista por email para The St. Petersburg Times.

Inspiradas en el movimiento Riot Grrrl de los 90’s y en bandas como Bikini Kill, las integrantes de Pussy Riot tienen en común el discurso feminista y una crítica radical a Putin, al autoritarismo y a la corrupción política que existe en Rusia. A través de sus protestas y acciones ilegales, a medio camino entre el arte y la política, luchan “por una reforma cultural, judicial y educativa en el país”, afirman en la Gazeta rusa.

En un país oprimido y silenciado por unas pocas manos todopoderosas, Pussy Riot creen que es necesario desarrollar e intensificar la cultura de la protesta para hacerla más efectiva. Con sus potentes letras y su radical puesta en escena, logran hacerse escuchar dentro y fuera del país, jugándose en su apuesta por no quedarse calladas su propia libertad. Desde este humilde espacio virtual, una ovación y larga vida a estas mujeres.

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